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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Los compositores

Franz Schubert
Lo medular en la producción de Schubert es la canción, porque ella es la base de su producción sinfónica y de cámara. Alguien apodó al maestro, con justa razón, “el rey del lied” (canción), porque compuso más de quinientas de estas piezas y allí está su grandeza: en las formas breves, logrando maravillosamente el poder de la síntesis. En principio La trucha fue una de sus más difundidas canciones para voz y piano sobre poema de Schubert. Pasado el tiempo compone un quinteto para piano y cuerdas sin segundo violín pero agregando el contrabajo, algo inusual para la época. La obra tiene cinco movimientos y el cuarto se basa en un tema con variaciones sobre la melodía de La trucha, por la cual pasa a ser el título del quinteto.


Antonio Vivaldi
El crítico musical uruguayo Dr. Julio Novoa escribía: “La  música de Vivaldi es siempre joven, como La Primavera de Botticelli; al igual que aquellas mujeres, luce grávida de felicidad. Esa nítida, perfecta belleza, tiene una difícil sencillez, desesperante de apresar. Esta gloria sonora y transparente luce actualmente inteligible a todos.” Fantástico violinista, prolífico compositor, maestro de música, pelirrojo y asmático, Vivaldi es una cumbre dentro de la cordillera de genios del Barroco italiano que actuaron con preferencia en Venecia, Nápoles y Roma en el filo de los siglos XVII y XVIII. Venecia y Vivaldi constituyen un tema aparte, narrado magistralmente por el escritor y musicólogo cubano Alejo Carpentier en su novela Concierto Barroco. Su producción musical es vastísima, no quedando ninguna forma sin abordar por il prete rosso: óperas, música religiosa, de cámara y sobre todo conciertos en todas sus modalidades que llegan a más de quinientos y que le valieron la crítica ácida de Igor Stravinsky al declarar que era la misma obra tocada de quinientas formas distintas. En el breve Concerto alla rustica, para cuerdas, Vivaldi se inspira en los marcados ritmos campesinos de su época.


Luigi Boccherini
Famoso cellista y compositor que, tras recorrer varios países europeos, se estableció finalmente en España, poniéndose al servicio de la nobleza. Tiene en su haber un nutrido catálogo de composiciones en el que figuran 124 quintetos de cuerdas, 90 cuartetos de cuerdas, 48 tríos para distintas integraciones, 21 sonatas para cello y piano, 28 sinfonías y 11 conciertos para cello y orquesta. Es famosa su Música nocturna de Madrid, el Quinteto Nº 4 llamado Fandango y el minuetto del quinteto Nº 5, brillantemente utilizado en el filme de Alexander Mackendrick El quinteto de la muerte. Las obras de Boccherini pertenecen al estilo galante, intermedio entre el Barroco y el Clasicismo, con sus graciosas y delicadas melodías al estilo Rococó.


Elbio Rodríguez Barilari 
Desde 1998 está radicado en EEUU, donde es profesor en la Universidad de Illinois (Chicago), Director Artístico de Latino Music Festival y presenta un programa de radio por WFMT 98.7 dedicado a la música de América Latina. En Chicago tiene su propia banda de jazz y colabora con músicos como Paquito D’Rivera, Danilo Pérez y Orbert Davis. Con respecto a Tango para Beethoven, el autor sostiene que “A menudo, cuando escucho a Beethoven, me digo: esto suena a tango. También suele pasarme con ciertas obras de otros compositores románticos, como Schumann, Liszt o Brahms. Lo que ocurre es que nuestra música ciudadana es, mayormente, música romántica con sus propios yeites tangueros. Durante un largo tiempo pensé qué pasaría si combinaba a Beethoven y al tango. Ésta es la pieza más ‘mayor’ por decirlo de alguna manera, que he compuesto en mi vida. Constituye un allegro sonata en Sol mayor con breves transiciones, a la Beethoven, a una tonalidad menor, como ocurre en la sección de milonga.” Esta versión para sexteto, orquestada por Gerardo Moreira, fue estrenada hace dos años en Chicago.


César Cortinas
Nació en la ciudad de San José. Niño precoz, tenía gran facilidad para ejecutar de oído cualquier melodía. Al ser elegido su padre diputado por San José, la familia se traslada a Montevideo, comenzando en 1905 su formación musical con Carlos Giucci, director del Conservatorio Franz Liszt. En 1909 hace su primer viaje a Europa para perfeccionarse en la Real Academia Musical de Berlín que dirigía Max Bruch. Allí contrae tuberculosis. Internado en un sanatorio, es dado de alta en 1911. Se traslada a París y luego a Bruselas, para proseguir sus estudios. Regresa a Montevideo. En 1912 se le concede otra beca y vuelve a Bruselas, pero la primera guerra lo hace retornar. En el 17 recrudece su problema pulmonar, trasladándose a Córdoba para un tratamiento. Muere allí en un accidente mientras realizaba un paseo a caballo. Para los pocos años vividos dejó un número elevado de composiciones que se suman a la corriente post romántica y que abarcan gran cantidad de música de cámara instrumental y vocal, música religiosa, óperas, poemas líricos, etc. Dentro de la música de cámara se destaca Poema para quinteto (cuarteto de cuerdas y piano), obra ampliamente difundida por el Conjunto de Música de Cámara del Sodre. Es una de sus últimas composiciones y por su carácter expresivo y melancólico se supone que refleja su estado anímico ante su mortal enfermedad.


Eduardo Fabini
Nació en Solís de Mataojo, Lavalleja, el 18 de mayo de 1882 y falleció el 17 de mayo de 1950. Es sin lugar a dudas el máximo representante del nacionalismo uruguayo y el compositor que nos representa en el extranjero. “Pienso que la música campera debe explotarse con cariño. Hay mucho en ella. Todo está en saber desarrollar sus temas, un tanto monótonos cuando los oímos en el campo y que son, no obstante, muy buenos”, decía Fabini. Desde niño comienza su formación musical A los cuatro años su juguete predilecto era el acordeón. A los seis inicia sus estudios de violín con su hermano mayor, que luego continuaría en Montevideo en el Conservatorio La Lira. A los 17 años viajó a Bruselas, donde afianza su formación. Campo y La isla de los ceibos, dos de sus composiciones más conocidas, fueron grabadas por primera vez por la Filarmónica de Nueva York. Sarandí en la corriente fue compuesta en 1911 y estrenada en 1969 en su versión original para piano por Hugo Balzo en el teatro Blanca Podestá. La trascripción para el Conjunto de Cámara del Sodre pertenece a Gerardo Moreira, realizada en ocasión del homenaje al compositor en su ciudad natal en el presente año. 


Astor Piazzolla
Compositor y bandoneonista renovador del tango rioplatense, incursionó con felicidad en diversas variantes dentro de la música ciudadana. Entre 1939 y 1945 estudia armonía y composición con Alberto Ginastera, al tiempo que se desempeñaba como músico y arreglador de Aníbal Troilo. Su producción es considerable: tangos instrumentales y con texto, música para películas, la operita María de Buenos Aires a la que pertenecen Fuga y Misterio (instrumentales), partituras de cámara y para orquesta sinfónica (conciertos, rapsodias, pequeñas sinfonías, suites de tangos, movimientos sinfónicos, etc.). Algunos ciclos (Las Estaciones, Serie del Ángel, etc.), han alcanzado merecida fama, casi comparable a la del legendario Adiós Nonino y a la Balada para un Loco, sobre poema de Horacio Ferrer. En 1955 forma el Octeto Buenos Aires, que marcó un hito de avanzada en la ejecución y estética del tango. Su presentación en Montevideo constituyó una revelación. A principios del 60 crea el Quinteto Nuevo Tango (bandoneón, violín, piano, guitarra, contrabajo), realizando giras y grabando varios discos y en 1965 reúne un Nuevo Octeto incluyendo flauta y percusión. Sus composiciones no están dentro de la música académica, sino que son el enriquecimiento del tango con formas académicas y del jazz.


Violeta Parra
Cantautora, pintora, escultora, bordadora, ceramista y folclorista, considerada la más importante de Chile. Su trabajo sirvió de inspiración para los artistas de generaciones posteriores que continuaron con su investigación folclórica, rescatando de la extinción las músicas del interior chileno en particular y de América en general. Sus composiciones con hondo contenido musical, poético y político-social, triunfaron en todo el mundo.


Carlos Gardel
Además de ser una de las voces más importantes en  el tango rioplatense, el Morocho del Abasto o el Zorzal Criollo, como fue apodado, logró que Europa, EEUU y América Latina se pusieran a sus pies. Su muerte hizo forjar un mito que se acrecienta en el presente. A pesar de su controvertido origen, su estampa, su voz y su manera de decir el texto de las canciones, influyó sobre los artistas posteriores. En 1996 la UNESCO declaró a su voz Patrimonio de la Humanidad. Poseyó un timbre y una afinación perfectos que llevó al colectivo popular a decir que “cada día canta mejor” o “la voz que venció al olvido”. Como compositor poseía una veta melódica verdaderamente envidiable que hace que sus tangos sean arreglados para distintas formaciones instrumentales por músicos profesionales del primer nivel.


Gerardo Hernán Matos Rodríguez 
Pianista, periodista y compositor de tangos y canciones criollas. Sus amigos lo llamaban Becho. Su padre era propietario del cabaret Moulin Rouge. Estudió arquitectura en la Facultad de Matemáticas y pasó a la historia por componer una marcha estudiantil o comparsa, creada en el piano de la Federación de Estudiantes del Uruguay, que sería con el tiempo uno de los tangos más famosos del mundo: La Cumparsita, considerado el Himno de los Tangos. Vivió también en Buenos Aires y en París y posteriormente desempeñó tareas diplomáticas como cónsul uruguayo en Alemania. En 1931 colaboró en la musicalización de la película Luces de Buenos Aires con Carlos Gardel como protagonista. Compuso música para piezas teatrales en Buenos Aires y más tarde en Montevideo dirigió fugazmente su propia orquesta típica. Fue integrante de la Troupe Ateniense junto a Víctor Soliño, Ramón Loro Collazo, su hermano Juan Antonio y los hermanos Raúl y Roberto Fontaina. Compuso más de setenta piezas, muchas editadas en partitura y alrededor de cuarenta en discos.